San Juan - Argentina -Domingo, 05 Febrero 2012
| César Rocchetti y una vida con el pie a la tabla |
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| Sábado, 28 de Agosto de 2010 21:12 |
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L a historia, empieza allá lejos y hace tiempo. Fue en el pueblo de Ascoli, Italia, cuando la segunda década del siglo pasado veía el ocaso. El fantasma del hambre, la miseria y horrores con cicatrices todavía abiertas de la segunda guerra mundial, provocaron la gran inmigración. Entra la olada de italianos que fueron recibidos con los brazos abiertos por la solidaria Argentina, estaba don Ugo (así, sin “h”, como se estila allá), Filippo Rocchetti. De oficio electricista, se casó con una española y trajo al mundo sanjuanino cuatro hijos. El menor, César Rafael, el primer actor de esta novela de un canto al trabajo, no conoció a su padre. Tenía apenas días de vida cuando don Ugo dejaba sus huesos en estas tierras. Los hermanos mayores, habían instalado un taller mecánico y César, apodado Chiquito por ser el menor y el más petiso, empezaba a barrer y lavar tornillos con edad de alumno de tercer grado. A los 19, tenía su propio negocio del mismo ramo. Cincuenta y cinco años más tarde, época actual digamos, jubilado, con otros ingresos económicos, sigue haciendo lo mismo. Todavía hace de todo en el plano mecánica, desde soldar, hasta destripar un motor como en los tiempos mozos. Y también, faltaba más, lo que hizo cuando tenía más pelo y menos panza. O sea correr en campo traviesa, rally que le dicen. A punto de cumplir 74 primaveras (los celebrará el 16 de octubre), vital, conversador de tiro largo, separado, abuelo de 13 nietos y orgulloso papá de un pibe, Gino Lucciano, de 12 años que ya está aprendiendo a manejar al lado del viejo maestro. La última acelerada de don César, fue los otros días nomás. En Pocito, en la quinta fecha del campeonato provincial de Travesías.Y ahora, ¿qué viene? Seguir corriendo, pero en otro nivel, más superior, como es el argentino de rally. Lo haría en la clase N2 o N3, todo, dependerá del presupuesto… Eso quiere decir que las ganas y voluntad, como siempre, están pero faltaría lo mejor, no? Así es. Espero contar con la colaboración del gobierno, Gioja (José Luis), me dijo anda a verme, pero todavía no fui. A punto de apagar 74 velitas, y con el debido respeto la pregunta, los reflejos, el físico y todo eso que exige una dura carrera, ¿funcionan como antes? Sí señor. Tengo más kilos, nada más que eso, pero manejo y estoy a par de jóvenes que podrían ser mis nietos, sin dar ventaja… Si usted lo dice, ahora vamos a lo más grande, al rally nacional. Todavía dice que no tiene el auto, ¿sería un usado o qué? Para viejo, estoy yo. Cero kilómetro, aunque tenga que vender la casa. No digo marca y cilindradas, porque eso va a depender de la plata que junte para después elegir en que clase correr… Ya tiene el cero, digamos, pero lo demás, preparar el motor, jaula antivuelco, butacas, ese pila de grandes detalles para ponerlo en carrera, ¿quién lo haría? No lo dije recién, que soy mecánico desde niño. Y de los de antes, lo que le hacíamos todo a un auto. La jaula lo voy a hacer yo y ni hablar del motor, lo que tenga que hacerle será con mis manos… Eso que dicen que usted cambió pistones, metales, aros y todo eso a un motor en 44 minutos, ¿es verdad o cuento? Epa, tengo testigos de eso. Y para mi no fue una hazaña ni récord, fue algo común… Está bien. Ahora cuente dónde y cuándo sucedió eso… Fue en el Gran Premio Turismo Mejorado en 1974, yo le había comprado la coupé 125 a Carlos Reutemann y en la primera etapa, que tenía 1.400 kilómetros y era entre Viedma y La Pampa, quedé en tres cilindros. Saqué la bujía y quedé en el puesto 105 entre 260 autos. Tenía el tiempo contado para desarmar y seguir y en 44 minutos, como le dijeron, cambié todo y seguimos a fondo al otro día. Pero terminó abandonando… Fue por la rotura de la caja. Se imagina, no tenía tantos repuestos como para cambiar todo lo que se rompía… Encima de eso, en esas carreras otorgaban un tiempo para reparar y seguir o abandonar, no? No tengo nada contra el Dakar, pero así como entonces uno tenía tanto minutos para cambiar algo, en ese rally llegan 5 o 7 horas después que el primero y siguen en carrera… Hablando de grandes pruebas, usted corrió en la Argentina, fechas del Mundial, verdad? Sí señor. Tengo nada menos que nueve fechas bien corridas y en todas llegué al final… Así a ojo nomás, ¿cuántas carreras y campeonatos locales o regionales ganó? Tengo 31 carreras ganadas y 5 títulos de campeón. Sabía que soy el último ganador del Safari de Valle Fértil y que lo corrí 12 veces y lo terminé ganando en tres ediciones. Aparte de seguir acelerando y a lo grande, como dice usted con relación al argentino, ¿qué otras asignaturas quedan pendientes? No sé si será un sueño, pero la intención está y voy a hacer lo que sea para concretarlo. Y es formar un equipo sanjuanino con pilotos locales, claro, de rally. Como intención no está nada mal, pero para eso harían falta grandes patrocinantes, qué le parece? Seguro, pero materia prima hay. Tenemos buenos pilotos en eso de andar sobre huellas y campos. Y si se trata de preparar y hacerle de todo a un auto para dejarlo en condiciones para eso, aquí estoy yo. Quiere decir que usted, todavía se no achica para nada a la hora de trabajar, don César. Mire amigo, crecí en un taller, tengo las manos con olor a grasa y nafta. Además, no soy para estar en casa leyendo el diario o viendo televisión todo el día… Bueno, pero esta nota seguro que la irá a leer y guardar, supongo. Tengo mi carpeta de recortes de diarios y fotos, pero, como le contaba, no puedo estar si no toco los fierros. Y abandonar, dejar de correr, ¿cuándo? Nunca. Y no sólo eso, espero vivir para verlo correr a Gino. Y si no es mucho pedir, uno en cada auto… Comentarios (0)RSS ComentariosEscribir comentario
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