San Juan - Argentina -Jueves, 17 Mayo 2012
| Silvina Martínez: Una artista con alma de luchadora |
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| Miércoles, 18 de Enero de 2012 23:37 |
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T uvo que pasar por varios diluvios para poder continuar adelante. Luchadora, carismática, trabajadora, inteligente y muy agradable. Silvina Martínez, a sus 61 años, es una mujer madura pero con todas las luces y el afán de seguir progresando y continuando con su sueño que empezó cuando apenas tenía 12 años. Es profesora de Artes Plásticas en la Universidad Nacional de San Juan y Master en Artes Visuales, título obtenido en la Universidad de Chile.¿A qué edad empezó a vincularse con el arte? Con el arte me vinculé siempre. Desde chica me gustó dibujar y con 12 años ingresé a hacer el secundario en el Instituto Superior de Artes. Allí, hice un bachiller orientado en artes que ya no existe. Me recibí de maestra de dibujo y luego fui a la Universidad Nacional para hacer la carrera de profesorado de artes plásticas. Después, ya más grande, hice el Magister de Artes Visuales en la Universidad de Chile. Es de toda la vida, nunca dejé de estar en contacto con el arte ni con la universidad porque fui ayudante de cátedra, profesora del Departamento de Artes de la Facultad de Filosofía. ¿Cómo fue la relación con sus padres, a qué se dedicaban? Teníamos una hermosa relación. Mis padres eran aficionados al trabajo manual. Les gustaba construir cosas, inventar, crear, además él era aficionado de la fotografía como hobby porque era contador. Tenía un taller de carpintería. Mi madre era modista de alta costura. Entonces yo desde chica estuve manejando herramientas, tejiendo, bordando. Siempre tuve talento para hacer cosas manuales. ¿Cómo surgió el estudiar arte? ¿Sus padres la apoyaban? Ellos me apoyaron mucho para ingresar en una escuela de arte que en ese momento era difícil para una mujer. Había muchos prejuicios. Yo había sido una excelente alumna en la primaria y la gente decía “cómo va a estudiar arte, que estudie otra cosa más importante”. Como el instituto era cerca del parque y había días en que salía muy tarde, mi mamá se inscribió en algunas materias para venirse conmigo. Fue bastante duro, pero lo pude hacer porque mis padres estaban muy de acuerdo y pelearon a capa y espada y dijeron “ella va a estudiar lo que le guste estudiar”. ¿Debido a la época, alguna vez se sentió discriminada? No sentí nunca una discriminación dura, pero sí sentí, alguna vez, en mis amistades de esa época o después los prejuicios de que los que estudiaban arte eran raritos, vaguitos, bohemios, drogadictos y no sé qué. Era difícil relacionarse como en mi caso, que era muy estudiosa, exageradamente trabajadora, estaba acá, allá, enseñando. La gente reconoció todo eso pero fue muy duro. ¿Cómo fueron los inicios de su carrera profesional? Fue difícil, sobre todo en las primeras exposiciones a las que asistían dos o tres personas. Ahora, ya pasó una pila de años. Pero en principio, uno hacía algo e iban tres personas. Eso fue cerca de 1963 y más o menos estuvo así de complicado hasta la década del 70 que terminé la universidad. Yo creo que con mi presencia lo recuperé. He luchado para que la gente se acerque al arte y lo disfrute porque no saben lo que se pierden. Porque hay una falla en la educación que hace que el arte quede desvinculado. Tuvo que atravesar instancias muy duras, como el incendio de su taller de arte en el año 2002. ¿Cómo toma esa etapa de su vida? Lo del incendio fue una cosa muy dramática. Fue un incendio colosal. El galpón era de 250 metros cuadrados y ardió todo, no quedó nada. Fue un impacto emocional muy grande porque ese proyecto del taller de las artes era una de mis ilusiones, de mis sueños. Crear un centro cultural independiente y que fue el primer galpón de San Juan, fue dramático. Logramos que San Juan lo conociera y generara un nuevo tipo de público. Aún existen esos prejuicios de “cómo voy a ir acá, no sé cómo van allá, cómo voy a ir al auditorio”. Hay prejuicios porque la gente no se anima a ir y mi objetivo era crear un lugar donde el arte fuera más popular. Nunca va a ser masivo, pero sí que se extienda. Y logramos generar con muchos proyectos una corriente de gente nueva, de distintos niveles económicos y artísticos y eso se hizo con mucho esfuerzo porque no estaba subsidiado por nadie. Fue a mucho pulmón con ayuda de los amigos, “te presto esto, cuidame aquello”. Tuvimos la mala pata con un cortocircuito, y había tanta cosa inflamable allí adentro, que ardió todo. ¿Cómo lo tomó cuando se enteró? El día que llegue ahí y vi todo, por supuesto la primera idea fue decir “Silvina dejate ya de molestar e inventar cosas”. Adiós a los centros culturales y todo. Yo quería dejar todo. Pero inmediatamente ese mismo día empezó a llegar gente y en los tres días siguientes empezó a circular mucha gente, amigos y gente que a lo mejor nunca había ido al taller pero que conocía mi actividad ya sea por los diarios o algún medio, a ayudarme. A ponerme plata en el bolsillo, a limpiarme los conteiners. La gente venía a darme ánimo a decirme “tenés que seguir”. Era un buen proyecto. Todos me ayudaron. Recuerdo que (Carlos) Menem me mandó 1.000 pesos, era poca plata pero todo servía para ayudar. La universidad puso dinero, mis colegas hicieron una rifa con exposiciones de obras de arte. (Roberto) Basualdo me prestó una casa por unos meses pero teníamos ese lugar y nada más. Ahí, la gente empezó a llegar, a traernos cosas, algunas viejas que reciclamos, estufas, calefón, caballetes, mesas, sillas, cosas rotas y nuevas. Fue así como el segundo taller en calle San Luis lo armamos con todas cosas regaladas que las íbamos reciclando y demás. Y, bueno, tuve que seguir. Fue un sacrificio. Ese momento como estaba en tantas actividades y no estaba generando en el taller, cree una fundación y después creamos una Cooperativa de Arte y Diseño. Todo para promover y continuar con lo que es el arte. En la actualidad, ¿cómo están sus cosas? Además de la exposición de Retrospectiva en grabado que se realizó, tengo varias convocatorias. En este momento nos están convocando para hacer el carro de la Capital con mi colega Emanuel Díaz Ruíz, que lo hicimos el año pasado, pero ahí estamos. Ahora, pintó unos murales con el Departamento de Artes Visuales. También Emanuel está trabajando en la ópera y le ayudo en la escenografía de la obra. No paramos. A pesar de las cosas que le tocó vivir, Silvina continuó adelante y en la actualidad es una de las mejores artistas de la provincia. Su prestigio la llevó a participar en numerosos concursos, incluso en 1990 obtuvo la beca del Goethe Institut para Multiplicadores Culturales en la Escuela Superior de Bellas Artes de Berlín, en Alemania. En la actualidad, dicta cursos y conferencias, participando en encuentros, congresos y proyectos de investigación, en todo el país. También organiza eventos y programas de extensión universitaria. Comentarios (0)RSS ComentariosEscribir comentario
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